La obsolescencia de bienes de cambio

La obsolescencia de bienes de cambio en el marco del convenio multilateral. Un mirada particular.

Introducción. Análisis de la cuestión controvertida

Un aspecto que no está del todo resuelto es el tratamiento impositivo en el marco del Convenio Multilateral, del concepto obsolescencia. Pero para hablar de su tratamiento, primeramente la debemos definir. La obsolescencia en un concepto que aparece en la práctica más bien relacionado con los bienes de uso. No obstante, también puede aparecer vinculada a los bienes de cambio. En el presente artículo solo nos referiremos a esta última.

Este concepto se puede definir como la desvalorización de los bienes (ya sea bienes de uso o de cambio), producida por factores exógenos o externos a la Compañía. Un claro ejemplo de ello lo tenemos con los bienes de alta tecnología, que debido al gran avance de la ciencia, produce una desvalorización constante de estos bienes, ya que día a día tenemos más y mejores funcionalidades en los nuevos bienes.

Este fenómeno produce que en ciertas ocasiones las Compañías reconozcan en sus estados contables pérdidas por obsolescencias, ya que sus bienes no tienen el mismo valor de mercado que tienen antes, y por ende, deben reconocer la misma a fin de medir el valor real de sus activos. Esto último es lo que persiguen las normas contables.

Vale remarcar que hablo de pérdida y no de gasto, ya que por su naturaleza podemos concluir que es más bien una erogación no planeada, ya que se debe a factores externos que la ocasionan, razón por la cual no es un concepto muy asimilable al gasto. Teniendo en cuenta que la diferencia entre ambos conceptos estriba en que mientras el gasto es una variable con cierto grado de control, las pérdidas son conceptos que absolutamente exceden al mismo.

Es dable señalar que contablemente los efectos de la obsolescencia en ocasiones pueden aparecer reflejada no a través de una cuenta específica, sino a través del resultado por tenencia.

Una pregunta que nos podemos hacer al respecto es ¿qué tratamiento correspondería otorgarle a esta pérdida? Pienso que el razonamiento es simple, recordemos que el Convenio Multilateral estableció en su artículo 3 que:

“(…) No se computarán como gastos:

a) El costo de la materia prima adquirida a terceros destinados a la elaboración en las actividades industriales, como tampoco el costo de las mercaderías en las actividades comerciales. Se entenderá como materia prima, no solamente la materia prima principal, sino todo bien de cualquier naturaleza que fuere que se incorpore físicamente o se agregue al producto terminado;

b) El costo de las obras o servicios que se contraten para su comercialización;

c) Los gastos de propaganda y publicidad;

d) Los tributos nacionales, provinciales y municipales (impuestos, tasas, contribuciones, recargos cambiarios, derechos, etcétera);

e) Los intereses;

f) Los honorarios y sueldos a directores, síndicos y socios de sociedades, en los importes que excedan del uno por ciento (1%) de la utilidad del balance comercial”.

De los párrafos antes transcriptos se desprende que el costo la materia prima o mercadería de reventa no debe computarse como gasto a los fines de la determinación de los coeficientes unificados.

A continuación separaré mi análisis en lo que respecta a empresas comerciales e industriales, dado que para ambas hay que hacer consideraciones diferentes.

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Fuente: Richard L. Amaro Gómez