La concurrencia desleal

  • 124

El autor explica qué es el deber de fidelidad del trabajador a su empleador, incluyendo ética, conducta y confidencialidad.

Las relaciones entre el trabajador y el empleador deben desarrollarse en el marco de la buena fe. Ambas partes del contrato de trabajo se encuentran obligadas a obrar teniendo como guía el desempeño propio de un buen empleado y de un buen empleador. Ello debe manifestarse durante toda la prolongación del vínculo, desde la celebración del acuerdo inicial, durante el cumplimiento de las tareas hasta la extinción de lo pactado.

A partir del momento en que el trabajador pone a disposición de la empresa su fuerza de trabajo y la empresa cumple con el pago de las remuneraciones se desenvuelve la relación contractual que genera para ambas partes el cumplimiento de deberes acorde a los legítimos fines empresariales. El deber de fidelidad impuesto al empleado (art. 85 de la L.C.T.) consiste en realizar la tarea que le fue asignada guardando la reserva necesaria y el indispensable secreto de la información a que ha tenido acceso en bien del emprendimiento empresario. En ese marco general emerge la obligación de no concurrencia con la empresa en que se desempeña en relación de dependencia.

El art. 88 de la Ley de Contrato de Trabajo prescribe al respecto: “El trabajador debe abstenerse de ejecutar negociaciones por cuenta propia o ajena, que pudieran afectar los intereses del empleador, salvo autorización de éste”. En consecuencia el objetivo de la norma es protectivo de los intereses del empleador, vedando cualquier actividad de su empleado que pueda resultar adversa al mismo. En concreto se trata de una tutela comprensiva de diversos aspectos.

Sobre el primero de ellos corresponde señalar que está referido a los actos lesivos que pudiese realizar el dependiente por cuenta propia y también a los ejecutase con intervención de alguna persona ajena al contrato de trabajo. El segundo aspecto a subrayar es que comprende a aquellas realizaciones contrarias a la empresa que ya le han causado perjuicios y también a las que pudieran llegar a causarlo. De este modo queda claro que el señalamiento de conductas lesivas es abarcativo de aquellas que ya han causado daño y, además, de las que evidentemente pudieran llegar a afectar los intereses empresariales.

En concreto la ley ejemplifica con la existencia de la prohibición que posee el dependiente en relación de dependencia de competir con su principal. Queda el trabajador obligado a privarse de efectuar negociaciones que impliquen beneficios para aquellos que compiten con la propia actividad productiva o de servicios que desempeña la empresa empleadora.

El tipo de deber que establece el art. 88 de la L.C.T. citado denominado “deber de no concurrencia” o “concurrencia desleal”, se trata de una obligación de no hacer, impeditiva de acciones efectivamente perjudiciales para la empresa o potencialmente lesivas. El cumplimiento de la imposición legal lo cumple el dependiente no ejecutando actos por cuenta propia o ajena que afecten o puedan afectar a la empresa en que labora. Es una norma impeditiva de actividades del trabajador contrarias a los intereses del empleador efectuadas frente a la negativa expresa de éste o aprovechando maniobras para su desconocimiento.

En consecuencia se refiere a actividades no autorizadas ni consentidas por la empresa tendientes a proteger racionalmente sus intereses. Por ello, en algunos casos, se confeccionan “manuales de conducta” o “códigos de ética” estableciendo reglas precisas a cumplir y sanciones a aplicar en caso de incumplimientos. Queda claro entonces que ante las faltas de este tipo incurridas por los trabajadores la parte empleadora puede ejercer su poder disciplinario de conformidad a la magnitud de las mismas y de los perjuicios causados.

 

Ver Colaboración Técnica 010621

Fuente: Dr. Honorio Alberto Díaz